Bueno, disculpad el enorme retraso del cuarto capítulo, juro que tenía exámenes xD y también tengo pronto, así que no os quejéis, que el capítulo lo he acabado a regañadientes xD
Northern Cross – Capítulo 4 – Ciencia
-…Y, como dije al inicio de mi discurso, y ahora podréis apreciar sin haber lugar a dudas, la hipótesis de ese tarado es pura fantasía. ¡Imaginaciones locas de una mente depravada! -La tediosa voz de Needham, llena de cólera, era del todo inexpresiva, lo cual no ayudaba a centrarse a la distraida mente de Reeves. Needham estaba exprimiendo hasta el límite los treinta minutos que le correspondían en la conferencia, ya debía de quedar poco. El tedio agarrotaba las piernas de Reeves, y la habitación, amplia y sólo iluminada por la tenue luz azul del exterior, invitaba a la relajación. Los párpados del burócrata luchaban contra la gravedad, colgando de un débil hilo de responsabilidad.
-…Gracias por su atención, una vez más -Needham había terminado el discurso y su raquítico esqueleto renqueaba hacia la puerta trasera del escenario. El anfitrión de la conferencia, uno de los colegas de Reeves que había prestado una sala de su mansión, caminó hacia el micrófono, y, estirándose el smoking, comenzó a parlotear…
Reeves lanzó un grito ahogado a la vez que se incorporaba de un salto. Penumbra. Electricidad estática en los oídos de Reeves. Ruido de pasos. Los últimos rezagados saliendo por la doble puerta metálica. Se había quedado dormido. Se puso la mano en el pecho para controlar su respiración y se levantó de su asiento. “Me he quedado dormido”-pensaba Reeves mientras se sacudía de polvo el smoking. “¿Cuánto ha sido?”-miró su reloj y concluyó que no había pasado más de un minuto. De todas formas no estaba allí para asistir a la conferencia de aquellos prestigiosos científicos. Todos ellos sabían a lo que venían, excepto Needham, claro. Aquellas ideas tan radicales que defendían eran pura farsa. Además, hasta el más estúpido de los asistentes podría desbaratar aquella telaraña de palabrería. Si las ideas de aquel tipo, Brigg o Frigg o lo que fuera, eran tan disparatadas e incoherentes, ¿por qué lo perseguían abiertamente para juzgarlo y encarcelarlo?
Reeves se detuvo, como para aclarar aquella nube turbia que tenía en la cabeza. Se centró en su misión: identificar a cualquiera que se levantase de su asiento con alguna pregunta desafiante o que pudiera poner en evidencia a cualquiera de los oradores de la conferencia. Luego tendría que informar de estos sujetos al departamento 52. Esta vez, presumiblemente, tampoco tendría que hacer nada. Ya lo había hecho muchas veces, la conferencia ya había terminado y ahora solo tendría que pasearse por el vestibulo con el propósito de cazar alguna conversación sospechosa… Y si llegaba a coger a alguno (lo cual no ocurría casi nunca), lo que esperaba no era nada halagüeño. Según sabía, a estos “intelectuales” los encerraban, interrogaban y chantajeaban; y, según presumía, tambien los torturarían y otras cosas de las que Reeves prefería no tener noticia. Se levantó el cinturón y se encaminó al vestíbulo.
Los asistentes a la reunión, salvo algunos pequeños grupos, se iban dispersando. Aquellos estudiosos iban desde jóvenes alumnos de ciencias a ajados catedráticos y filósofos. Reeves se adentró con disimulo entre los dispersos focos de humanidad. Tenía que cazar conversaciones “presuntuosas e insurgentes frente a la opinion de aquellos ilustres científicos.” El burócrata Reeves Stahl no sabía por qué se obilgaba a rastrear a aquellos estudiantes, ajenos al complejo mundo de la política, a aquellos sabiondos asustados. Pero tenía que hacerlo. Era su trabajo, le gustase o no.
Lo poco que conseguía oír era casi totalmente ajeno a la conferencia. Parecía que todos los invitados habían ido sin el más mínimo interés, y se dedicaban a hablar de asuntos personales y de minucias cotidianas. Reeves se dió por vencido y se encaminó hacia uno de los numerosos labavos de la mansión de su colega.
Allí habría de esperarle su contacto con el departamento 52. Desconocía su nombre, todo lo que tenía era una foto de su cara, una cara de lo más normal, sin rasgos peculiares, el pelo dispuesto en un peinado estándar de ejecutivo: una cara que encajaba perfectamente con el currículum de cualquier funcionario.
-¿Stahl? -dijo el ejecutivo estándar con aires de autoridad cuando se cerró la puerta del lavabo-.
Reeves asintió con la cabeza.
-Soy yo.
-¿Y… bien?
-Nada. Ni una conversación sospechosa. Ni siquiera he oído a nadie hablar del tema. Es como si a nadie le interesase lo que dicen en las conferencias -Reeves hizo una pausa, como para coger fuerzas-. Quizá os estáis pasando con esta estrategia. Yo no tendré ni idea de vuestros asuntos secretos, pero cualquiera se puede dar cuenta de que esto empieza a ser sospechoso. La gente ya sólo va a las conferencias por miedo a que los fichéis…
-Yo no tengo nada que responderte -le espetó el ejecutivo-. Tú solo eres un informante. Será mejor que dejes de poner pegas a todo y salgas ahí a encontrar a un insurgente. Tómate esto más en serio, Stahl -luego cambió a un tono más comprensivo y añadió-: nuestro mundo se desmoronará si la gente comienza a dudar.
-¿Dudar? ¿Dudar de qué? -el propio Reeves empezaba a tener sus propias dudas sobre lo que hacía-. ¿Acaso no es eso lo que promueve el gobierno? La ciencia nos ha dado la vida que tenemos, ¿no?
-Parece que no entiendes… La ciencia nos ha ayudado a mantener este mundo… Pero demasiado conocimiento lo acabará destruyendo. Imagínate que todo lo que conocemos no fuese más que un punto insignificante en el mundo. Si así fuera, o así empezara a pensar la gente, ¡la autoridad del gobierno se desmoronaría! La gente vería que no gobernamos el mundo como ellos pensaban, y dejarán de tomar en serio las leyes y sus propias obligaciones. Se verán a sí mismo encerrados en la burbuja del Círculo y se reirán de su pasado. ¡Intentarán escapar en busca de ese mundo desconocido que les espera!
Reeves no contestó y retrocedió sobre sus pasos hasta la puerta del labavo y salió, cerrándola desde fuera procurando no armar jaleo. Las palabras del tipo del departamento 52 le habían hecho pensar. Desde luego lo que había dicho daba que pensar. Seguramente sí existía ese mundo exterior que tanto revuelo estaba creando, aunque Reeves nunca antes lo había considerado detenidamente. Un mundo más grande conteniendo el Círculo, y dentro del cual el Círculo era sólo un punto insignificante, era algo que Reeves no llegaba a concebir. O que no quería concebir. Desde siempre había tenido una vida recta y convencional que para él lo era todo. Era consciente de que a sus treinta y cuatro años no había recorrido muchos caminos y no había experimentado todo lo que podría, pero sabía que lo que le había hecho feliz hasta ahora era no complicar las cosas más de lo necesario. Pero esta frágil felicidad no podría soportar la idea de que el mundo era infinitamente mayor de lo que él creía. Si tan cierto era, y tantas maravillas inexploradas había allí fuera, entonces él no era más que una mota de polvo miserable en una caja oscura y diminuta.
Despues de unos veinte minutos de merodear por el vestíbulo y no encontrar a un apto candidato a cabeza de turco, Reeves escogió a un sujeto al azar. Sabía que no estaba nada bien, pero era la única forma de contentar a los del departamento 52.
Una vez Reeves hubo regresado al lavabo, comunicado al contacto los datos de aquel pobre académico, y recibido la palmadita en la espalda correspondiente de parte del ejecutivo, el diminuto robot se deslizó de vuelta del cuello del smoking de Reeves y se escurrió entre las relucientes baldosas del lavabo de lujo. Desde que Reeves se quedó momentáneamente dormido en la conferencia, todo había quedado grabado. Esa grabación podía cambiar el curso de los acontecimientos, aunque todavía no estaba todo ganado. Lejos, muy lejos, en un paraje nevado y cubierto por la escarcha, las armas se enfriaban recién salidas de la forja, y se escuchaban ya cerca los precoces ecos de la guerra…
~Continuará~
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PD.: Estoy pensando en cambiar el skin del blog… ¿que os parece? no me voy a hacer uno personalizado básicamente porque cuesta $$$ y no voy a pagar











